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La casa de Gemma del Hoyo

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Hace unas semanas, en una reunión del equipo Liderlamp, entre varios temas planteados, surgió la pregunta sobre cuáles eran las casas de las que estábamos enamoradas. Y el nombre de Gemma del Hoyo fue recurrente: ¿Habéis visto esos techos? “Yo viviría en esa galería” fueron algunas de las frases que se escucharon repetidamente. Así que no tuvimos más remedio que ponernos  en contacto con ella y la alegría fue enorme cuando Gemma dijo que si. Desde aquí le mandamos un gracias enorme, porque sabemos que a veces no es fácil mostrar tan generosamente tu casa, pero como comprobaréis con estas fotos, valía la pena intentarlo.

Sólo al contemplar estas dos primeras imágenes vais a entender la magia que desprende esta casa. Gemma nos ha contado que se enamoró de esta vivienda modernista de 1930 estando embarazada de su hijo mayor. Y tuvo claro que quería que fuese su hogar la primera vez que la vio. Visualizó una reforma muy pequeña, porque la materia prima de la casa era una auténtica maravilla: techos altos ornamentados, baldosas hidraúlicas bien conservadas y diferentes en casa habitación de la casa… De hecho, la reforma se limitó  diseñar una cocina y dos baños, ya que en la vivienda original la distribución contemplaba un solo baño y dos cocinas. Ella y su marido iniciaron las obras, intentado respetar al máximo el alma de la vivienda. Gemma nos cuenta que se fue con su barriga de embarazada a una casa de derribos para buscar ventanas de madera originales y encontró unas preciosas para los baños y una muy especial en arco para la cocina. Lo mejor de todo es que encajan perfectamente en la casa y nadie se da cuenta de que no son las originales. En los baños conservaron las armariadas antiguas y las encimeras de mármol y sobre ellas colocaron unas pilas de lavabo nuevas. La cocina es un modelo de Ikea, con encimera de madera para darle un toque acogedor y actual. La premisa de Gemma era llegar al piso con los pocos muebles que trajo de su anterior vivienda. Ya que su idea era que debía vivir en la casa, para conocer las necesidades de cada rincón y así poco a poco ir decorándolo. Y no podemos estar más de acuerdo. Nos encanta además cómo ha incorporado zonas de juego, para que sus hijos se sientan cómodos e integrados en diferentes sitios de la casa. ¿Nos os parece maravilloso ese rincón con su cocinita dentro de la cocina?

El salón merecería casi un post aparte. ¡Cómo es ese techo pintado que ellos restauraron! Según Gemma puede pasarse ratos largos al día contemplándolo y transportándose en el tiempo. Y nos nos extraña, es casi una especie de terapia. Es una pena porque antiguamente muchos pisos del Eixample valenciano tenían techos pintados pero la dificultad, junto con la falta de interés para restaurarlos, hizo que poco a poco fueran desapareciendo bajo las capas de pintura blanca. Una verdadera tragedia en palabras de Gemma. Los dos espejos sol vintage son los protagonistas del espacio y son heredados de la casa de su abuela. La cabeza de ciervo en blanco es de Zara Home. Y muy pocos más muebles, porque Gemma quiso priorizar la cristalera antigua que separa el salón de la galería-cocina (abierta a la galería por una parte y al salón por la otra).

Gemma nos describe que su mayor temor a la hora de decorar su casa era que resultara un poco fría, todo pintado de blanco y con los techos tan altos. Así que la mejor forma de darle un aspecto acogedor al piso era introduciendo piezas de madera natural: mesitas de madera rústica, palets ejerciendo de estantería, cajas de madera con ruedas para libros, taburetes de madera, y ahora que están los niños, muchos juguetes de madera…
También colocó en alguna pared con papel pintado., teniendo en cuanta que fuera con un motivo discreto y con colores que enlazan con los suelos. En la habitación de los niños se mezclan inteligentemente muebles de Ikea junto con otros reutilizados, como la casita de madera que hizo años su abuelo, unas cajas de madera a modo de estantería para peluches, los árboles decorativos de madera que encontraron en un rastro o la lámpara antigua del techo. Los textiles Gemma prefiere que sean  naturales, siempre de lino o de algodón.

En su habitación también percibimos esa sensación de encontrarnos ante una vivienda personal e íntima, construida paso a paso y con objetos singulares que la dotan de esa armonía y esa originalidad que respira toda la vivienda. Nos chiflan esa cómoda-bureau antigua pintada a mano y la lámpara de lágrimas de 1900, ambos encontrados en una tienda de antigüedades de Valencia. Y cómo se han conservado los magníficos detalles estructurales, como las molduras que decoran los altos techos. Otro aspecto que nos ha conquistado es la mezcla tan ecléptica en el apartado de la iluminación. Junto a las lámparas antiguas de las que hemos hablado, Gemma incorporó pies antiguos, algunos de mármol, otros de cristal o de madera que consiguió en los rastros de Madrid y Amsterdam.

Una casa preciosa, pensada y vivida al detalle, y que trasmite sensación de hogar. Gracias Gemma por compartir con nosotros esta joya, tan personal y llena de bonitos detalles.

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