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Desconectar para conectar

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El título no es un mero reclamo. Es que hay momentos en que como dice Lucia Be #nomedalavida y lo mejor es darse cuenta y tomarse un respiro. Y en esas estaba, pensando en cómo desconectar unos días cuando descubrí a través de una amiga el lugar del que hoy os quiero hablar. En medio de la Dehesa extremeña, entre encinas, alcornoques, olivos, ovejas, burros y chicharras se encuentra un verdadero oasis de paz y tranquilidad que se llama Convento La Parra. En cuanto vi las fotos de sus instalaciones, supe que sería el lugar perfecto para resetear del ajetreo que llevaba últimamente. Y decidí que iba a disfrutarlo cada segundo. Sólo emprender el viaje, e ir contemplando los diferentes paisajes que encontrábamos desde el norte hasta el sur, la riqueza y los contrastes de nuestro país, hizo que nos pusiéramos en modo zen desde el primer segundo.
Llegar a La Parra, no puedo deciros que fue fácil. Para ser justos y en nuestra defensa, tengo que decir que fue culpa de MR. Google Al final decidimos bajarnos del coche, y preguntar a unos lugareños. Y ni aún así. Sus explicaciones fueron claras: “esta calle hacia abajo y en el primer portón que está entreabierto ahí es” Pues no. Nosotros , muy obedientes, ahí que fuimos y nos metimos en la primera puerta que encontramos abierta, bien adentro… hasta que una voz nos paró en seco. No era el convento si no una casa particular . Rojos y no por el sol, ya no sabíamos cómo pedir perdón y nos pusimos a darles todo tipo de explicaciones 🤦🏼‍♀️🤦🏼‍♀️🤦🏼‍♀️. Todavía deben estar alucinando aquellos señores.
Llegamos por fin a nuestro destino . Y nada más entrar ya nos quedamos con la boca abierta.

La hospedería respeta la identidad original del edificio , un Convento  del siglo XVII de la Orden de Las Clarisas. Una sencilla construcción que se desarrolla en torno al precioso claustro . En 1979 dejó de tener una función canónica y años más tarde fue comprado por el Ayuntamiento. A día de hoy está en manos de capital privado. La hospedería conserva y respeta todos los detalles estéticos de interés histórico: volutas, maderas, molduras relieves, verjas , cruces y remates, incluso un fresco maravilloso en la zona de biblioteca. Lo mejor es que su dueños han querido mantener ese toque monástico en la decoración, y todos los elementos, incluso la paleta cromática, invitan a la paz y el sosiego. Podríamos a hablar de lujo austero, una decoración que se concentra en lo esencial.

 

 

 

Un lugar para desconectar, o para conectar, según se mire . Al menos mientras estás ahí, te das cuenta de que también se puede vivir despacio, de que el tiempo también se puede exprimir. Y que a veces hace falta el silencio, para escucharnos a nosotros mismos . Que las  habitaciones no cuenten con televisión, wifi ni nada que pueda distraernos, es una estrategia que funciona de maravilla. Otro detalle que nos encantó fue su piscina, ubicada en el antiguo huerto del convento.

 

La biblioteca , no era un espacio que en inicio estuviese en el proyecto, si no más bien, una necesidad que  fue surgiendo pasado el tiempo. Las instalaciones contaban con una pequeña biblioteca, pero los libros y revistas que iban dejando los huéspedes en la hospedería, tras su estancia, dieron lugar a la creación de un espacio más grande destinado a biblioteca , con su chimenea y que quiero replicar en la casa de mis sueños.

El personal está formado por siete mujeres, todas ellas del pueblo de La Parra. Encantadoras y cercanas, hicieron todo lo posible para que la estancia fuese lo más agradable posible, desde la sencillez y la amabilidad. Desde el principio nos hicieron sentir como en casa y cómo si nos conocieran de toda la vida. Nos faltaron dos días más de paz y sosiego, pero como repetiremos con toda seguridad, la próxima ya sabemos cuánto nos quedaremos. Otro detalle encantador, es que al irnos nos dieron unas perrunillas, unas pastas típicas de Extremadura. Nos quedamos con la sensación de que era un guiño a lo que las clarisas hacían en su día en el convento, o para asegurarse de que volveríamos… en ese caso, no nos queda ninguna duda de que volverán a vernos.
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